Por Javier Galperin, de Copredi
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¿Durante qué período ejerciste la Presidencia del Comité Central Israelita del Uruguay?
La presidencia fue entre 2011 y 2013. La secretaría general, los dos años anteriores, la presidencia de la Comisión de Lucha contra la Discriminación y el Antisemitismo, antes, la vicepresidencia de Copredi antes y así me remonto hasta los años 90, en que lo integré por primera vez en el Consejo General, como presidente de la Comisión de Educación Judía –Vaad Hajinuj-. Como verás, mucho tiempo de militancia siempre en paralelo o dentro del Comité.
¿Cómo describirías con tus palabras al CCIU y su trabajo?
Es indudablemente la institución central de la comunidad judía en Uruguay. Una institución política por excelencia. No realiza las múltiples tareas a las que se dedica la comunidad en diferentes áreas: ayuda social, conmemoración de festividades, cuidado de nuestros ancianos, educación de nuestros niños y recreo y educación no formal a nuestros jóvenes, para sintetizarlas de alguna manera. Las complementa de ser necesario, y por lo general las auspicia. El trabajo es representar a la comunidad judía ante la sociedad civil y ante las demás comunidades judías del mundo. El Comité tiene el apasionante desafío de representar una multiculturalidad política, económico-social, religiosa y secular, dentro de nuestra identidad judía -mayoritariamente sionista-, a su vez, parte integral de la multiculturalidad nacional. Esas son las tensiones que debe resolver. Mantener contacto con las fuerzas políticas nacionales, el gobierno de turno, la prensa, la academia, el cuerpo diplomático acreditado en nuestro país. En resumen: velar por un “ser” nacional uruguayo, un “ser” judío y sionista, con espíritu propio, democrático, universalista, seguro y cordial. No es poco.
¿Cuáles eran tus pensamientos y sentimientos al asumir la presidencia del Comité?
Mis pensamientos eran asumir para dar lo mejor de mí, desde un cargo que me honraba profundamente. Mis sentimientos eran de felicidad por el reconocimiento que me dieron al ser la persona que representaría, como expliqué, ni más ni menos que a “toda” la comunidad. Sentía confianza en poder lograrlo; antes había presidido la Organización Sionista y los vínculos con Uruguay e Israel, y viceversa, me habían hecho muy feliz. Pensaba en profundizarlos para que ambas sociedades construyeran nuevos puentes de entendimiento a los ya construidos e instituidos. Desde el comienzo tuve claro que el objetivo era reconocer y mejorar aún, los buenos caminos recorridos por mis predecesores, y asumir las nuevas responsabilidades bajo mi impronta personal.
¿Qué logros destacables recordás de tu gestión?
El mayúsculo, sin lugar a dudas, fue conformar una Mesa Ejecutiva con los mejores hombres y mujeres para llevar adelante la tarea. Amigos y amigas entrañables, inteligentes, comprometidos con el esfuerzo de horas y dedicación full life que demanda este emprendimiento, obviamente honorario. Disfrutamos cada discusión y cada consenso. Nos enriquecimos escuchándonos y valorándonos. Muchos de ellos(as) continuaron trabajando para el Comité, así como en otras áreas: educativas, generando recursos materiales y humanos, todos –y me incluyo- siempre a las órdenes para apoyar de ser necesario, sin preguntar adónde. En lo “concreto” de los logros, de esta manera obtenidos, tengo que hacer un esfuerzo mayor de síntesis. No por vanidad, sino por el enorme trabajo realizado. Elegiré algunos: colmamos las barras del Palacio Legislativo los 27 de enero para conmemorar la Shoá. Me conmovía sentarme junto a los sobrevivientes y no en el Palco de Autoridades, donde tenía mi lugar. Recuerdo con cariño que pasamos videos con testimonios de sobrevivientes, escuchamos virtuosos discursos de nuestros parlamentarios. Las fotos que nos sacábamos todos los integrantes de la Mesa con el Presidente de la Asamblea, políticos amigos de todos los partidos, prensa. Los vínculos personales y en varios casos de “amistad genuina”, estrechados con las Mesas Ejecutivas de –absolutamente- todos los partidos políticos y principales organizaciones sociales: PIT CNT, organizaciones armenias, afrodescendientes; representantes de la cultura y la ciencia, artistas, academia, periodistas, intendentes, ministros y legisladores, embajadores. La visita oficial al Vaticano con los delegados de los “comités” latinoamericanos agrupados en el Congreso Judío Latinoamericano para saludar al Papa Benedicto XVI. La visita, en un marco similar para acompañar a nuestros hermanos venezolanos, posterior a la violación de la Sinagoga Sefaradí en Caracas y una incursión de comandos militares a las 8 de la mañana a la escuela judía, quién sabrá para qué, conmocionando a niños y maestros. Las visitas a Buenos Aires con las más destacadas personalidades políticas del Uruguay, para condenar sistemáticamente al terror integrista islámico que destruyó la AMIA y antes a la Embajada de Israel. Haber escuchado al fallecido Fiscal Nisman en sus informes de cómo Irán planeó los atentados desde ¡1983! La visita a Brasilia en un encuentro de judíos y musulmanes latinoamericanos para generar una voz inspiradora de entendimiento desde fuera de la zona de conflicto. La visita a Budapest como miembros del Congreso Judío Mundial, para repudiar los actos de xenofobia, discriminación y antisemitismo de los grupos ultranacionalistas filo nazis húngaro, griego y otros.
¿Cuál era el gobierno de turno en el país y cómo describirías la relación del Comité con el mismo?
Fue durante la presidencia de José Mujica. La relación fue extraordinaria en un sinfín de aspectos y escenarios, pero estuvo empañada por un punto de inflexión que el gobierno le dio en aquel entonces a las relaciones diplomáticas con Israel. A los conceptos expresados bajo una crítica muy severa y a nuestro juicio: exacerbada en contra del pueblo de Israel, hubo que intentar “enmendarlos”. Debimos explicar que nuestra comunidad judía no representa a Israel ni a sus gobiernos de turno. Sí nos solidarizamos con el Estado de Israel y nos duelen aquellos agravios irracionales que invariablemente generan antisemitismo. Que la comunidad no es políticamente oficialista ni en Uruguay, y cuánto menos en otros países, incluido Israel. Somos críticos cuando debemos serlo, esa es “especialidad” de los judíos. Llevó su esfuerzo pero fue recompensado. Reformulamos vínculos, encuentros, charlas, discusiones y como siempre: una elevada sintonía democrática. Como no podía ni puede ser de otra manera. Nos queda el grato recuerdo de un final feliz y una tarea cumplida. Y por si fuera poco, la satisfacción de haber sorteado las desavenencias y reconstruido la amistad con los involucrados.
¿Cómo ves al Comité y a la comunidad hacia el futuro?
Problemas y alegrías siempre han de haber. El Comité goza de prestigio nacional e internacional, por todo lo que antes mencioné. Ese logro supremo hay que mantenerlo, trabajar duro día a día para ello. Ser firmes y solidarios a la vez, respetar y hacer respetar las diferencias. No “tolerarlas” sino “aceptarlas”. Eso nos hace grandes a los uruguayos. Somos ejemplo mundial en tal sentido. Estamos orgullosos de nuestra identidad uruguaya-latinoamericana-universal y también judía. La comunidad toda opera y funciona en ese marco, lo cual le facilita al Comité representarla con altura.
¿Hay alguna anécdota interesante que te gustaría compartir?
Esta pregunta es la más difícil. Voy a rescatar dos. Ya terminábamos nuestro mandato y asumía el nuevo Ejecutivo cuando el actual Cardenal Sturla, sustituía al Monseñor Cotugno en la ceremonia oficial en la Catedral. Invité a mi sucesor, Sergio Gorzy a que me acompañara y poder ayudarlo en la transición. Le pedí que llevase kipá; así debíamos entrar a la Catedral y saludar a las autoridades presentes. Y así fue, pero había tanta gente que el grupo de compañeros quedamos parados, prácticamente en el medio de la Nave Central. Cuando el Monseñor Sturla dio su mensaje, especialmente saludó “a nuestros hermanos mayores de la Comunidad judía que hoy nos acompañan”. Ya habíamos sido notorios, con nuestra kipá puesta, pero todos se dieron vuelta hacia nosotros, y aplaudieron, algunos de pie. Fue muy emocionante. Pensé en mi papá que recaló por estas tierras en 1932 y quien me transmitió los mayores valores de convivencia, sano patriotismo e integración… hincha de Racing, el viejo, que vivió muchos años en Sayago. La otra, igualmente fantástica se dio en Brasilia. Uno de los oradores era Amin Maalouf un intelectual libanés que escribió “Las cruzadas vistas por los árabes” y me resultó sumamente interesante. Hacía poco había escrito: “El desajuste del mundo”, también relevante. Dos años antes Maalouf había recibido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Ahí me propuse: “esta oportunidad no me la pierdo”. Llevé el libro que tenía todas mis genuinas marcas de lectura y le pedí que me lo autografiase. Vio que no era un pedido cursi sino justificado, entusiasta; incluso intercambiamos unas breves reflexiones, y si bien no “ajustamos al mundo”, en aquella ocasión me gané una joyita para mi biblioteca: un Premio de Asturias me dedicó “personalmente” su libro.
¿Qué le transmitirías desde tu experiencia a un futuro presidente del Comité?
Que trabaje mucho y en equipo, que sea flexible como el junco y fuerte como el roble. Ambas plantas poseen el secreto de la supervivencia. Gracias por la nota y muy feliz año 2016, pleno de armonía, salud, éxitos personales y paz.
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23/Dic/2015
Por Javier Galperin, de Copredi